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Informe Personal de Contacto Físico
Desierto de Chilca, febrero del 2001


“El encuentro físico se producirá a su tiempo,
y será como cuando dos amigos se encuentran
en un mismo camino, caminando”
OSSIM

Introducción

No será nada fácil plasmar en estas líneas una experiencia tan intensa, bella y profunda, que me permitiese compartir nuevamente con nuestros Hermanos Mayores de la Misión RAHMA.

He reflexionado mucho todos estos meses que han transcurrido desde que viviese aquel encuentro programado en Chilca (feb, 24), comprendiendo que lo más importante no es afrontar un encuentro cercano en sí, sino el poder comprenderlo, reflexionar en su mensaje, y por encima de todo saber transmitirlo adecuadamente.

A diferencia de otras ocasiones, en que tuve la maravillosa oportunidad de encontrarme con ellos físicamente, en esta nueva experiencia les acompañé en un viaje extraordinario a bordo de una de sus naves. Aunque esto suene increíble, formaba parte de un proceso de contacto que veníamos preparando desde agosto de 1997, cuando en un encuentro cercano con el Guía Antarel, los Hermanos Mayores me invitaron por primera vez a acompañarlos.

Finalmente, el 24 de febrero de este año, luego de seguir un intenso proceso de preparación y comprensión de la invitación, viví la experiencia más profunda. Y no está de más decir, que en verdad, el contacto y enseñanza de semejante vivencia está destinado a la Misión toda.

En el presente informe he procurado dar a conocer esta experiencia en todos sus detalles, esperando que el mensaje pueda llegar de una forma clara y transparente. He sentido compartir los momentos más importantes antes, durante y después del contacto, ya que en todo momento me sentí representando a mucha gente, y pienso que todo lo que recibí y comprendí, debe llegar como una herramienta útil de entendimiento y reflexión a otros hermanos que están comprometidos con la Misión.

Espero que mi testimonio - uno de tantos -, y más aún el mensaje que se desprende de este nuevo encuentro cercano con nuestros Hermanos Mayores, toque aquel punto de luz del caminante RAHMA. Aquella fuente de energía o fuerza superior que nos ha mantenido todos estos años en el camino, con nuestros errores y aciertos, con nuestras pruebas y aprendizajes, logrando reconocernos ante el contacto como siempre sostuvieron los Guías: “como cuando dos amigos se encuentran en un mismo camino, caminando...”


Los pormenores del contacto

El 31 de diciembre del 2000 era la fecha propicia - según las comunicaciones - para asistir al desierto de Chilca y vivir un nuevo encuentro cercano.

Aprovechando que el 25 de diciembre iría al Pueblo de Chilca llevando unos juguetes que recolectamos en Lima para los niños, decidí marchar al desierto en una salida personal de preparación, por lo que contraté una movilidad que me llevase hasta la Base Militar que se encuentra próxima a la quebrada que empleamos para acampar. De allí continuaría a pie.

Nunca había estado tantos días solo en el desierto. La experiencia fue extraordinaria. En aquel silencio cósmico, en noches abiertas y despejadas, que en diversas oportunidades me permitieron contemplar el desplazamiento de las naves a gran altura, describiendo Zig-Zags y cruzándose otras veces, sentí no sólo la presencia de los Guías, sino de Dios mismo. Aquel cielo nocturno era muy especial, creando el ambiente idóneo para interiorizarme en la invitación que me hiciesen llegar nuestros Hermanos Mayores.

El día 30, ya me encontraba acompañado de mis buenos amigos de los grupos de Lima que estaban al tanto de la invitación: Hans Baumann, Lida Martell, Magaly Fernández y Jhon Abanto.

La noche del 31, precisamente la “fecha del contacto”, que había sido auspiciada por claros avistamientos programados por las comunicaciones, a la hora señalada - las 12:00 p.m.- hizo su aparición en un cielo cubierto de niebla un objeto alargado, con forma de puro, emitiendo poderosos fogonazos de luz plateada. La niebla se disipó en torno a él y vimos al aparato sorprendidos, en todos sus detalles. Incluso Hans llegó a observar un disco metálico cerca de la presunta nave nodriza. Era impresionante.

Mientras todos intercambiábamos opiniones en medio de la algarabía que se armó ante semejante avistamiento, personalmente no atiné a alejarme del grupo en dirección al cerro “Los Anillos de Saturno”- ­ llamado así por su apariencia-, donde, según los mensajes, allí abordaría la nave.

Mi actitud frente al posible contacto me invitó a reflexionar. Como en otras ocasiones, me encontraba con que mi preparación personal era insuficiente. Pero finalmente había comprendido en qué dirección debía orientar mis pasos.

Pienso que no sólo debí orientar mi preparación a mantener un estado sensible y sutil, premeditadamente logrado a través del ayuno y las valiosas prácticas que desarrollamos en los grupos de contacto. Había olvidado liberar mis esquemas mentales sobre el encuentro cercano anunciado, un error importante teniendo en cuenta que ya en diferentes ocasiones había enfrentado experiencias de contacto físico, donde aprendí que el fluir con ellos y verlos como amigos -porque realmente lo son- y no como “extraterrestres”, me permitiría estrechar lazos con mayor conciencia y naturalidad. A esto debo añadir, como una reflexión personal, que al tratarse de una experiencia diferente, donde no sólo los vería, sino que ¡abordaría una de sus naves!, había creado en mí gran expectativa. En verdad me resultaba increíble hallarme a puertas de tan extraordinaria vivencia. El mensaje era claro: Tenía que aquietar mi mente, y dejarme fluir como en otras ocasiones.

La nave se marchó lentamente. Retrocedió por donde vino, ocultándose entre la niebla en un cuadro de película. Al día siguiente, uno de los militares que estuvo de guardia en la Base Chilca, sin que le comentáramos nada afirmó haber visto el mismo objeto sobre la quebrada. Fue una lección para nosotros esta salida a terreno.

Cuando tomamos el bus en la carretera panamericana que nos llevaría a Lima, pensaba en la importancia y objetivo del contacto. Antes de abandonar el desierto, los Guías nos dijeron en una recepción de comunicación simultánea, que las condiciones para afrontar la experiencia seguían óptimas en los siguientes tres meses.Habría que prepararse.

La invitación y el objetivo del encuentro físico

Según los mensajes, esta experiencia me permitiría entrevistarme nuevamente con Joaquín (Joaquel), miembro del Consejo de los 12 Menores, quien habría abandonado su estancia en la Base Azul del Alto Paititi para permanecer temporalmente en una base orbital de la Confederación, ubicada detrás de la Luna, antes de su retorno a Morlen.

La invitación, más allá de afinar mi preparación personal, como sería el hecho de conocer el interior de sus naves o sus bases en nuestro Sistema Solar -con el objetivo de familiarizarme más con ellos y el programa de contacto- procuraba acercarnos las claves necesarias para comprender el momento que actualmente vive la Misión RAHMA, los logros alcanzados, y todo aquello que aún podría estar pendiente para la consecución de los objetivos. Es más, en esta experiencia, Joaquín ofrecería informaciones esclarecedoras sobre su propia persona y función dentro de la Misión.

Teniendo en cuenta, que según los primeros mensajes de la Misión Joaquín fue designado por ARCHER del Consejo de los 24 Ancianos, para seleccionar espíritus potenciales que más tarde participarían en un programa de contacto llamado Sol en la Tierra o Misión RAHMA, y que a él se le darían las llaves para la entrega definitiva del Libro de los de las Vestiduras Blancas, era más que importante vivir un encuentro directo con el anciano Maestro. Ya en 1998 había tenido la oportunidad de conocerle en un contacto en Marcahuasi de San Juan de Iris, donde se me habló de la importancia de conectar enclaves de marcado significado para la Misión, y que no habían sido visitados antes por los grupos. Entre ellos Joaquín mencionó la Sierra del Roncador en el Brasil- en agosto del 2000 los grupos del Uruguay realizaron la primera expedición- y el desierto de Gobi en la Mongolia, donde hace miles de años se estableció por primera vez la Hermandad Blanca. El viaje a Gobi sería el más importante para la Misión.

A pesar que mantuvimos un prudente silencio para enfrentar con responsabilidad esta invitación a un nuevo encuentro físico, me llevé más de una sorpresa al comprobar que otros miembros de los grupos habían recibido información precisa sobre ello. Hallándome en Uruguay, en una bella salida de trabajo en Punta de Yeguas, Alejandro Szabo compartió conmigo una extraordinaria confirmación:  En las comunicaciones que había recibido, el mismísimo Joaquín afirmaba que abandonaría la Base Azul para volver a Morlen, y por si esto fuera poco, en el mensaje el Maestro advertía que entraría nuevamente en contacto directo conmigo: “En Chilca o en Marcahuasi, las condiciones así lo permiten”.

En febrero me encontraba en los EE.UU. compartiendo con los grupos de Miami y San José de California, difundiendo el mensaje de fondo del contacto, en especial las profundas experiencias y enseñanzas que ha significado el encuentro y enlace con la Hermandad Blanca de los Retiros Interiores.

Fue en Miami que los Guías a través de una comunicación recalcaron la vigencia de la invitación y su importancia:

El Plan se halla en su justo proceso. De ello hablará el amado Maestro Joaquín. Chilca es un buen lugar. Está preparado. Fines de febrero, inicios de marzo. En esta ocasión vendrás solo y estarás con nosotros para comprobar una vez más los alcances de la Misión y las labores pendientes que los involucran”.
(Alcir y Guías de RAHMA Misión, 3 de febrero del 2001).

La fecha definitiva del contacto la recibiría en un trabajo de irradiación al pie del Monte Shasta. En la práctica, donde todo el grupo se sintió acompañado por proyecciones de la Hermandad Blanca, como si estuviesen abrazándonos y compartiendo su amor, tuve una fuerte visión donde se me mostraba la fecha del encuentro: “24 de febrero”. Inmediatamente después, me vería caminando en el desierto de Chilca, solo, en dirección a la cordillera. Cuando observé, y sentí con fuerza estas imágenes, mis pensamientos me asaltaron: “Entonces iré solo. Pero me gustaría que un grupo de apoyo se encontrase en el desierto para apoyar la experiencia”.

Al volver a Lima, la confirmación no tardaría en aparecer.

El grupo de contacto de Miraflores -con quienes me une una gran amistad-, para mi sorpresa, había programado una salida al desierto de Chilca para el sábado 24 de febrero. Lo más inquietante es que recibieron una comunicación de Alcir, donde se les decía que irían al desierto para apoyarme con sus trabajos, ya que tendría un encuentro físico programado. ¡Realmente increíble!

Cuando Hans Baumann me comunicó todo esto, sin mayor duda y con una seguridad tan especial que brotaba de mi corazón, decidí realizar finalmente la salida.
En el desierto de Chilca (24 de febrero 2001)

Eran las 12:00 del mediodía cuando mis pasos se adentraban por la quebrada de Santo Domingo de los Olleros. Había dejado a mis espaldas el cerro “IV Convención”, internándome según mi intuición e indicaciones de los Guías en dirección este, es decir, hacia la cordillera.

El Sol era aplastante. Un cielo azul con pocas nubes se mostraba como único acompañante de mi caminata silenciosa.

Cuando dejé atrás el cerro “Los Anillos de Saturno”, una extraña sensación se apoderó de mí. Era como si alguien me estuviese abrazando, transmitiéndome amor y confianza. Entonces un agradable olor a flores impregnó el lugar donde me hallaba, emocionándome sin poder explicarme qué estaba sucediendo. Respiré una magia singular allí, y cual sería mi impresión al comprobar que este paraje lo había observado en sueños poco antes de la salida. ¿Me habían mostrado el lugar para que lo reconociera? Sea como sea, el mismo coincidía con el punto de contacto de la salida anterior (31 de diciembre del 2000), además que mi propia intuición me decía sin titubear que aquel era el lugar.

Me despojé de la mochila y tendí en el suelo la bolsa de dormir. Sólo llevaba la bolsa, un abrigo, agua, una pequeña linterna y un cuaderno de apuntes.

Pasé el tiempo explorando al detalle la zona -no se suele acampar allí- y luego realizando las prácticas de relajación y meditación. Durante el trabajo, procuré crear las condiciones para contactar con los Guías y consultarles sobre la invitación. El mensaje no tardó en llegar:

Sí, escribe:

Nos hallamos cerca. Estate atento a las 9:00 p.m.

Nada debe inquietarte. Vemos que ya te encuentras listo para afrontar la experiencia. Ahora podrás venir  con nosotros.

Recuerda que la verdadera preparación no halla su único cimiento en los ejercicios y prácticas de meditación, sino en el auténtico compromiso y entendimiento de la Misión, así como una correcta actitud en armonía con el espíritu RAHMA.

Tu amor y honesta entrega te han traído aquí, al margen de tus dudas, que bien sabemos obedecen al esfuerzo que emprendes por ser objetivo y equilibrado frente al proceso. Pero será hoy y así ha sido dispuesto.

Estás listo Nordac, para que una vez más des un paso importante en representación de muchos.

Amor y Luz,

ANTAREL (24 feb. 6:15 p.m.)

El mensaje llegó con una claridad especial. Como si estuviesen muy cerca.

Luego de reflexionar en el contenido del mensaje, abandoné la zona del campamento en dirección al cerro “Los Anillos de Saturno”, como volviendo por el camino. Así, ascendí el cerro y bajé a la explanada que se extiende tras él. Entonces observé a una persona acercarse.

Después de la primera sorpresa, identifiqué a Hans. Sabía que él y los muchachos acamparían en otro sector del desierto para apoyar la experiencia, sin embargo me llamó mucho la atención hallarle de pronto en medio de la nada.

-Sabía que te iba a encontrar -se expresaba contento en la medida que nos dábamos un abrazo.

-¿Qué haces aquí? ¿Qué te animó a venir? ­-repuse.

-Tenía muchas ganas de verte antes de la experiencia. Siento que se dará esta vez. El grupo se encuentra en “La Terracita” acampando y pendiente de la invitación que te han hecho los Guías. Antarel mismo me ha dicho que de todas maneras te suben...

-¿Cómo es eso? -pregunté intrigado

-Lo que me impulsó finalmente a buscarte, fue un mensaje mental que recibí de Antarel. Me dijo que abordarías la nave. Incluso me dio una hora. Te la digo por sí acaso: Las 9:00 p.m. Sentía que debía decírtelo.

-Hans, ¡es la confirmación de un mensaje que he recibido hace unos momentos! ¾le decía con evidente emoción-. Tienes que marcharte amigo. Debo estar solo.

-Lo sé -contestó risueñamente-. Cuando veas a los Guías dales un abrazo de mi parte. (Risas).

Volví a la zona del campamento con mucha alegría. Estaba anocheciendo y en el cielo ya se mostraban las primeras estrellas.

Llegué sin dificultad y me senté en la bolsa de dormir. No tenía duda alguna que el contacto se daría aquella noche. El encuentro con Hans me dio mayor seguridad, como si los mismos Guías hubiesen querido darme una confirmación adicional para que me encontrase seguro y en confianza.

Aún así, quise cerciorarme de la presencia de ellos.

Por alguna razón que no logró comprender, me inquietaba poderosamente un cerro frente a mi ubicación. Lo observaba con insistencia, como intuyendo que tras él hubiese “algo” escondido.

Sin pensarlo mucho, de pie y de cara al cerro, empecé a gritar como un chiquillo:

¡Sé que están aquí! ¡Pueden venir cuando quieran! ¡Finalmente he comprendido! ¡Pueden venir porque esta vez asumiré la invitación a mayor conciencia! ¡Me escuchan!

Y para mi sorpresa...

Detrás del cerro, se mostraron intensos fogonazos de luz plateada, disparándose de abajo hacia arriba. Tan fuerte fueron los resplandores, que incluso Hans y el grupo que acampaban al otro lado del desierto también los vieron.

Con esta palpable manifestación, me imaginaba salir una nave del cerro al mejor estilo de la película “Encuentros Cercanos del Tercer Tipo”. Pero después de los fogonazos, el desierto nuevamente se encontraba en su aspecto normal.

No tuve mucho tiempo para analizar la situación cuando un objeto luminoso pasó a gran altura sobre la quebrada. Como su trayectoria era uniforme, y se mostraba al parecer muy lejos, estimé la posibilidad de un satélite. Pero inmediatamente aparece un segundo objeto, similar al anterior, como si lo estuviese siguiendo.

Pedí entonces mentalmente a los Guías que de tratarse de ellos hicieran una señal para advertirme. Inmediatamente el segundo objeto encendió con fuerza una luz dorada, pulsante, que luego se fue concentrando en la medida que se marchaba. Curiosamente, ambos se perdieron tras el cerro que me llamaba tanto la atención.


Al interior de la nave


Recostado en la bolsa consulté mi reloj: Las 9:00 p.m. Esperé unos minutos, escudriñando el cielo, como buscando alguna señal. Pero no observé nada. Los minutos transcurrían y he de confesar que me puse nervioso. ¿Y si la experiencia, por alguna razón se postergaba nuevamente? De sólo imaginarlo no podía evitar pensar en la importancia de esta vivencia para la Misión. Entonces sentí como si los Guías me estuviesen abrazando, y una voz en mi mente diciéndome: